jueves, 13 de agosto de 2009

Sonata de gerundios.

Absurdamente,
acortando rutas para callar los silencios,
destruyendo horizontes para no ver la nada,
silbándole al viento que me acerque tus ojos,
con besos de sal y lengua de espuma.

Las ansias de ser una gota entre tus manos,
diluída, chorreante, fresca, húmeda.
Un eco ausente rimando a la deriva,
el compás lejano de tus noches.

Oírte.
Oírte al fin
susurrándome el tiempo entre los dedos,
colmando mis ganas con tus ganas,
espiando el útlimo rincón de mi coherencia.

Oírte,
para que tu voz sea savia entre mis labios,
tu voz etérea buscando un cuerpo,
tu voz que me atraviesa y me recorre.


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