miércoles, 23 de noviembre de 2011

SIn título

Danzo en el borde de tus ojos
esperando una mirada tuya,
implacable,
pasas frente a mí como un suspiro,
nada me demuestras de tu voz,
pero siempre tu voz y vos
me están cantando,
nada me demuestras de tus pasos,
pero todos tus pasos me recorren,
ni una vez tus manos me acarician,
aunque no terminás de tocarme nunca,
ni una vez tus labios me mojan las ganas,
pero todas las veces me estás besando,
me inundás,
me espiás,
me abordás,
me llenás de pasos, de lenguas, de dedos,
me tocás constante con roces secretos,
me llamás con voz de tormenta.
Mientras sigo bailando en el borde,
a la orilla de tu risa,
la que se filtra muy de vez en cuando,
cuando no te dejás ser egoísta.
No me ves,
pero no me sacás los ojos de encima,
no me hablás,
pero buscás mi oído entre todas las sombras,
se te escapa mi nombre entre los dientes,
susurrado con temblor de calor y penas,
se te escapa mi piel entre los dedos,
y aunque no quieras no podés no tocarme.
En mí solo late un deseo,
constante, morboso, perdido,
deseo de enredarme madeja entre tus brazos,
trepar firme y húmeda hasta tu boca,
inundarme de tu sinfin de prohibiciones,
ser tan tuya que no sea ya más nada,
derrumbarme una vez ante tus ojos,
mientras seguís fingiendo que no me ves,
y sigo fingiendo que no me importa.