Gris oscuro. Puse mis sueños en tierra, los hice echar raíces. A diario alimentaba de sol y agua fresca sus tallos. Crecieron. Pero a otros seres carentes de sueños les molestó mi árbol. Soplaron y soplaron hasta que despertaron al viento. Y vino el viento helado del sur. Y se llevó la última hoja. Y ya no hay sueños. Puse mi corazón en agua fresca y pura de río, para que floreciera con algas y rayos de luna. Pero los rumores de orilla llegaron para ahogarlo todo. Y rompieron en olas duras, golpeando, arrasando con la calma. Y ya no hay corazón. Puse mi voz en tu nombre. Lo llené de claves de Fa, de acordeones y cellos. Y tu nombre y mi voz se hicieron historia. Pero la música incomoda a las sombras. Y vino la oscuridad. Y ya no escuchaste mi voz diciendo tu nombre. Y quedé muda, de sueños, de corazón, de tu nombre. Quedé muda de voz, de vos.
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Aproximaciones a “Condensación” de Leonardo Vercelli. * (Romina Tovar)
“El hombre de ayer ha muerto en el de hoy, el de hoy muere en el de mañana” E apud Delphos . Plutarco. Sin lugar a dudas, una de las problemáticas mejor expuestas en el cuento del escritor argentino Leonardo Vercelli, es la de la construcción de la obra en términos de espacio y tiempo. “ Condensación ”, ya desde su título, delimita la brevedad del relato y la intencionalidad del autor, de plasmar en un cúmulo de palabras, un conjunto infinito de ideas. No escapa a la puntualidad de su significado, por lo que “ Condensación ” es pues, eso, una condensación: un resumen de hechos enumerados y continuos, hechos considerados trágicos y/o fundamentales para la humanidad y el devenir histórico, que ambiguamente se construye frente a la mirada del lector, como un todo atemporal en términos de recepción, y quieto, en términos de lectura. A la vista, el cuento no posee espacios, sino una cadena de oraciones de pocas palabras, casi interruptas. No hay necesidad de decir a pedazos, ni fragmentos, ...
Plesalka.
Incertidumbre, un vaivén, un vagón, desasosiego... millones de ojos enfrentando a sus ojos, millones de voces usurpando su boca, y en el medio de los giros, y en las aristas del deseo, una bailarina en pose de caja musical... (tules detenidos, aire contenido, próxima a danzar). Un vagón, un vaivén, incertidumbre... y los miedos punzando en las costillas, y las luces extinguiéndose más cerca, y los brazos frágiles, firmes en arco y las puntas de los dedos entumecidas... (venas congeladas, risa sostenida, próxima a estallar). Si finalmente no es más que un castillo de naipes erguido frente al viento, eternamente recomenzando, burla atroz del péndulo, en el vaivén del vagón del desasosiego.

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