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SIn título

Danzo en el borde de tus ojos esperando una mirada tuya, implacable, pasas frente a mí como un suspiro, nada me demuestras de tu voz, pero siempre tu voz y vos me están cantando, nada me demuestras de tus pasos, pero todos tus pasos me recorren, ni una vez tus manos me acarician, aunque no terminás de tocarme nunca, ni una vez tus labios me mojan las ganas, pero todas las veces me estás besando, me inundás, me espiás, me abordás, me llenás de pasos, de lenguas, de dedos, me tocás constante con roces secretos, me llamás con voz de tormenta. Mientras sigo bailando en el borde, a la orilla de tu risa, la que se filtra muy de vez en cuando, cuando no te dejás ser egoísta. No me ves, pero no me sacás los ojos de encima, no me hablás, pero buscás mi oído entre todas las sombras, se te escapa mi nombre entre los dientes, susurrado con temblor de calor y penas, se te escapa mi piel entre los dedos, y aunque no quieras no podés no ...
buscando las palabras para no decir diciendo... aún... sin voz... sin vos...

abiana

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fámbula lúmbula líbina amoños rimoños bombanas abramas selanas daneras falata resono coreño imila solena sántira cuélema nàpida lévena sumina zúmbila fámbula
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Me arrepiento de no romper los relojes en ese instante mínimo, y de no robarte la risa y de no secuestrarte los ecos. Mis rincones ya no son tales. Transparente. Ningún rayo de sol me inunda tanto como tu boca. Soy una madeja de ganas desovillándose entre tus dedos.

Irse.

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Irse yéndose a la orilla espiando la huella de tus ojos. Escondrijos y horizontes, arcanos y verdades, todo dormido en la espesura del alma. Si te pido penumbras, callás. Si te pido luciérnagas no decís. Irse yéndose para que latente se quede palpitando en las venas tu voz, para que sea errancia, para que sea diáspora, para que te arrastres en un sueño conmigo, arrinconado junto a todo lo que está orillado.

Balanceándose.

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...y en el borde de las necesidades tu sonrisa inclinada hacia el abismo y mis ganas de besos e idioteces jugando a la equilibrista, libriana, pesando, eligiendo, soltándole la rienda a los que se fueron hace rato, con los ojos puestos en el horizonte viendo como llega lo que espero.

Prazel.

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Abismada, más allá del borde, detrás del frío, sin lunas ni soles, sin espacios en blanco, encerrada en la última gota de lluvia saciadora de sueños, en busca de horizontes cuajados de versos; sin tu boca diciendo mi nombre, sin tus manos marcando mi cuerpo; austera y sola, sin voz, sin vos, sin alma.

Sonata de gerundios.

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Absurdamente, acortando rutas para callar los silencios, destruyendo horizontes para no ver la nada, silbándole al viento que me acerque tus ojos, con besos de sal y lengua de espuma. Las ansias de ser una gota entre tus manos, diluída, chorreante, fresca, húmeda. Un eco ausente rimando a la deriva, el compás lejano de tus noches. Oírte. Oírte al fin susurrándome el tiempo entre los dedos, colmando mis ganas con tus ganas, espiando el útlimo rincón de mi coherencia. Oírte, para que tu voz sea savia entre mis labios, tu voz etérea buscando un cuerpo, tu voz que me atraviesa y me recorre.

Emedecu de havanas.

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Ciudad ajena tan mía, del otro lado de la puerta, te ve mi mirada sucia y espejada, sonidos de Silvio con guitarra, una luz parpadeando en tu frente, una ausencia que me quema las ganas. Ciudad sin luna, con labios fríos y ruido de llaves, pasos golpeados por miles, colores grises de historia y almas. Y no sos París, pero son tan Rayuela, y no sos la Cuba, pero sos tan Guevara, y sos tanto tango ruin, y tan cosmopolita, y tan llena de mí y tan ajena. Ciudad del otro lado del vidrio, sin sombras, sin caricias, mientras te miro te me clavás en el alma, y me dejás tan sola: un lugar común, en algún café, viendo como pasan tus horas, sin un audaz que mire conmigo.

Minúscula.

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"pequeña allí donde quisiera estar, enrisotada, atravesunda, donde no quedan más realidades que las que me invento"

Aproximaciones a “Condensación” de Leonardo Vercelli. * (Romina Tovar)

“El hombre de ayer ha muerto en el de hoy, el de hoy muere en el de mañana” E apud Delphos . Plutarco. Sin lugar a dudas, una de las problemáticas mejor expuestas en el cuento del escritor argentino Leonardo Vercelli, es la de la construcción de la obra en términos de espacio y tiempo. “ Condensación ”, ya desde su título, delimita la brevedad del relato y la intencionalidad del autor, de plasmar en un cúmulo de palabras, un conjunto infinito de ideas. No escapa a la puntualidad de su significado, por lo que “ Condensación ” es pues, eso, una condensación: un resumen de hechos enumerados y continuos, hechos considerados trágicos y/o fundamentales para la humanidad y el devenir histórico, que ambiguamente se construye frente a la mirada del lector, como un todo atemporal en términos de recepción, y quieto, en términos de lectura. A la vista, el cuento no posee espacios, sino una cadena de oraciones de pocas palabras, casi interruptas. No hay necesidad de decir a pedazos, ni fragmentos, ...

Baires.

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Nada más triste que la oscuridad de la mirada, nada más solitario que el gentío haciendo eco. Rejas. Ciudad deforme y nebulosa. A puerta cerrada se tejen secretos. Nadie más mira, nadie más dice. Escucho en el tumulto pasos octavianos, que resuenan en otros pasos que no son los míos. Alguien como yo anda por ahí robándole espacio al tiempo.

Ando...

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en blanca persecusión por las paredes de mi intelectualidad oxidada; un recinto lleno de miradas ásperas, un cubículo bajo la almohada, un señuelo de cartón masticado por visitantes nocturnos detenidos -equilibristas- en el trampolín de mis pestañas, un conjunto de idioteces juntas -aplastadas, pegoteadas, redundantes- ando con la boca quebrada y ceniza, con los dedos torturados de frío, con los sabores del viento añejados en el colchón amarillo y húmedo y vos. siempre vos, con tu discurso ausente de horas pasadas, renegando con mi paciencia, aquietándole el vestido a mi constancia. vos. y yo. qué ganas de irme yéndote y colgar de la cima del vacío balanceándome como un péndulo, dejándole el resto al olvido, todo de una buena vez.

Ente.

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No tengo dónde amontonar los deseos. Soy un pedazo de algo que ya no existe, como el resto de luz en la caída de una estrella, desvaneciéndome, transparentándome. Ahí donde nadie me mira me guardo la boca para proteger tus besos, me guardo la lucidez para no perderte el rastro, y entro sumisa a un bosque húmedo y espeso, rodeada de marchitas sombras, enjaulada en agua sucia, arañando los restos de paciencia, mutilando mis posibilidades. No tengo más que el deseo de tenerte, y éste está arrumbado en un rincón junto a tantos otros, que me perforan la piel con tu nombre y me apretan hasta las venas.

De los veintinueve cantares del viento.

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En blanca lluvia de ojos y bocas, amapolas que vuelan, pesadas, digo, no lirios, amapolas, digo amapolas en caminos arrebolados y compadritos, con crispadas manos de fabricantes, digo amapolas, no digo más nada, amapolas. Tu voz de plateado yunque y esmaltado olivo, tu voz alada, golondrina, creciente, en miles de nombres donde encallaste tu nombre y te lloran los sabandijos, los luciérnagos, los tuyos. Digo amapolas y así quiero que sea, en blanco enrojado sendero, azul de luz, tan tibio. Te lloran los quedantes, los pebetos, lagartijos, muchachos, orugas, en blanca lluvia de ojos y bocas que repiten asonantes tus latidos, te extrañan los pelandrufos, compinches, atorrantes, tus quereres... amapolas, amapolas digo y dos monedas para el barquero, mientras el viento canta y te lleva, te lleva. (A Patricio Videla 2/10/79 - 26/06/09)